“Estamos esperando la agenda transformadora”
Por Juan Cruz Taborda varela
Analista político y periodista, José Natanson hace un repaso sobre el rol de la clase media y su relación con la política. Y adelanta algunos temas para pensar la agenda que se abre a partir del 2012.
SER DEL MEDIO
_ Escribiste hace unos meses: “El conflicto del campo le demostró al kirchnerismo los riesgos de enfrentarse a la clase media”. ¿Qué es la clase media?
_ La expresión clase media es problemática. La clase media no es una clase social, claramente, es un conjunto heterogéneo de trayectorias dispersas. Y se ha heterogeneizado mucho, ha cambiado mucho, está muy mezclada. Un operario de una fábrica o un camionero gana lo mismo que un médico. Si uno mide la clase media por nivel de ingreso, hay trabajadores que hoy por ingreso están en la clase media, y otros con típicas profesiones liberales, como un médico o abogado, que quizás gana menos que uno del sector trabajador y también está en la clase media. La clase media no es sólo un nivel de ingreso, es su relación con la educación, con la cultura, con un ideal aspiracional. Si le preguntás a la gente, el 90% se define de clase media. Lo veo como un estado de la opinión, un sector difuso, nebuloso.
_ La pregunta viene a colación por la relación que ha tenido el sector con el kirchnerismo.
_ El kirchnerismo en un comienzo hizo un esfuerzo por conectarse con la clase media, la transversalidad tenía que ver con eso, cosas que uno se olvida, pero el apoyo de Kirchner a Ibarra contra Macri iba por ese lado. Y después de la 125, el kirchnerismo tomó una actitud casi infantil: la clase media es mala, es reactiva, es regresiva, es conservadora, me olvido de ella. Se la juzgó incorregible y se la abandonó. Y después de la derrota de 2009, el gobierno, quizás sin pretenderlo, fue impulsando algunas medidas que le permitieron re acercarse a la clase media.
_ ¿Sin pretenderlo?
_ Esa idea de que los gobiernos hacen todo maquiavélicamente… los tipos van probando, es ensayo y error. Tiraron una cosa, les funcionó, tiraron otra. Estoy seguro, por ejemplo, que cuando Filmus arma el Canal Encuentro, no tenía idea de la trascendencia que iba a tener y que Tristán Bauer iba a saltar a Canal 7 y que después eso iba a ser parte de una política de medios nueva y que eso iba a ser parte de una nueva batalla cultural. Me parece que le fue saliendo así y eso le permitió reacercarse. Me parece que el gobierno se da cuenta, porque no podés transformar un país sin un sector de la clase media. Con el pueblo trabajador no te alcanza. Y además, la clase media es reactiva en algunas cosas pero muy transformadora en otras.
_ Convive con esa dualidad.
_ Sí, en términos valóricos, hay un sector que es muy progresista: el matrimonio igualitario, la política de derechos humanos. Eso es lo que emparenta al alfonsinismo con el kirchnerismo: esa sensibilidad hacia ciertos temas de revolución de las costumbres. Alfonsín saca la Ley de Divorcio en un momento de debilidad política –después de perder las elecciones del 85’-, al igual que Kirchner con la Ley de Matrimonio Igualitario, que la saca después de perder las elecciones de 2009. Hay un paralelismo, una conexión.
QUÉ VOTA QUIÉN
_ La desaparición de las marcas de clase hace difícil que haya, desde los espacios políticos, propuestas determinadas para cada sector. ¿Eso explica la volatibilidad del voto?
_ Sí, Pierre Rosanvalón dice que en las democracias occidentales, el electorado se comporta cada vez más como consumidores exigentes. Un tipo que va, compara, elige, piensa y después vota. La clase media cumple eso, un día vota A y mañana vota B. Un día vota a Macri para Jefe de gobierno y al otro Cristina para presidenta. Acá en Córdoba tuvieron como ganadores a radicales, peronistas disidentes y kirchneristas en 4 meses. Eso habla de una sociedad que está dispuesta a mirar lo que hay y en base eso decidir, premiar y castigar, votar con sentido estratégico.
_ ¿Esta no fidelidad obedece a que las opciones electores se eligen de igual manera a como se elige un producto en el super y no se avala por detrás un proyecto político?
_ No, me parece que lo pasa es que hay un fenómeno que es general, que las identidades políticas se han comenzado a diluir, no están acabadas como antes, que había familias radicales y peronistas o socialistas y conservadores, y eso no hay más. El único que conserva un electorado más fiel es el peronismo, pero eso no le alcanza para ganar una elección. Cada vez más las articulaciones políticas son precarias, contingentes, cambiantes. Y entonces se forman estas coaliciones heterogéneas medio inverosímiles -Alfonsín con De Narváez-. La gente no nace y muere votando lo mismo, sino que va modificándose.
¿HUBO CAMPAÑA?
_ La ausencia de debate político en la campaña fue clara, como así también la incapacidad de la oposición para instalar temas. Los únicos con esa capacidad parecen ser los movimientos sociales.
_ El gobierno ha demostrado que es proclive a tomar temas que están en la sociedad, apropiárselos –en el buen sentido, no lo estoy criticando- y una vez que se los apropia, pone detrás el peso del Estado, los recursos, la operación. La oposición no logra desde 2003 instalar un tema propio. Los temas que están en agenda los instaló el gobierno o los capturó desde diferentes lugares. La campaña transcurrió en un clima post electoral interesante: fue la campaña de la no campaña. Cristina operó como si ya fuera presidenta, y lo bien que hizo. Yo no estoy seguro que sea bueno que la oposición esté disgregada. Los sistemas políticos necesitan un equilibrio, el exceso de poder te lleva a cometer errores: hacen falta frenos, contrapesos, balances. La Ley de Medios, que estaba en la sociedad, el gobierno lo toma como propia y lo lleva al Congreso, pero el kirchnerismo no tenía los votos propios y tuvo que articular con bloques opositores como el de Sabatella, el socialismo y Proyecto Sur. Y estos le impusieron condiciones, como modificar la cláusula que permitía a las telefónicas licitar medios. Y salió una Ley mejor.
_ Pero si tenemos en cuenta de donde surgieron algunas de las últimas medidas –Asignación, Ley de Medios, Matrimonio Igualitario-, ¿hay que pensar que serán los movimientos sociales lo que sigan instalando temas?
_ Es malo que los movimientos sociales reemplacen al sistema de partidos. Así como también lo es que lo hagan los medios. Los partidos políticos cumplen un rol de intermediación entre la sociedad y el Estado que ningún otro organismo semi público puede cumplir, ya sean los medios, los sindicatos o las organizaciones sociales. Y esto es porque defienden intereses sectoriales, mientras los partidos defienden intereses políticos. Tengo una discusión con esta especie de idealización del método de la asamblea. La intermediación política en un sistema democrático, representativo como el nuestro, es fundamental. No creo que se pueda cambiar.
LO QUE VIENE
_ Este año, quizás por ser electoral, no hubo grandes transformaciones. ¿2012 será diferente en ese sentido?
_ Hubo un año electoral: la cosa iba bien, para qué moverla. Es lógico y comprensible. Cristina tenía que construir fuerza parlamentaria propia, se dio cuenta lo que es no tener diputados y senadores y se peleó con Verna en la Pampa y con De la Sota para tener congreso propio. En 2011 no hubo transformaciones y lo que estamos esperando es la agenda transformadora de acá hacia el futuro. La presidenta ya insinuó algunas cosas: la Ley de Tierras, para regular el acceso a la tierra a los extranjeros, es una iniciativa que va a afectar intereses y que puede ser transformadora. Espero que haya más. El kirchnerismo es una mezcla de gobernabilidad y cambio. La estrategia de gobernabilidad del kirchnerismo ya la conocemos y la están aplicando bien. Cuál es la estrategia de cambio: eso es lo que estamos esperando. Hay que esperarlo y demandarlo. También es cierto que hay que ver cómo funciona esto sin Néstor. El tenía muy clara la agenda de transformación. Ahora hay que ver cómo la impulsa Cristina.
_ En tu última editorial en Le Monde, hablás de nuevos desafíos y mencionás la problemática del uso del suelo y el acceso a la vivienda. ¿Qué otros se abren?
_ Hay una serie de políticas públicas que tiene por delante el gobierno, más allá de la psicosis del dólar y las reservas, que son importantes y de las cuales no se habla tanto. El acceso al suelo es un problema que es muy claro en los centros metropolitanos, en el Conurbano, en el gran Rosario. Y hay otras. El sistema de salud es muy heterogéneo, con tres sub sistemas que conviven: hospitales públicos, pre pagas y obras sociales, con un gasto muy alto y prestaciones muy bajas en relación al gasto que se tiene, que es muy injusto, muy inequitativo. Y exige políticas de largo plazo, una perspectiva sostenida, una composición de equipos y articulación entre diferentes niveles de gobierno. Son temas complicados. El gobierno tiene la oportunidad, después de la re legitimación que tuvo la presidenta en octubre, de empezar a pensar en este tipo de políticas. Hay que ver si tocan el sistema impositivo, que es muy delicado. Una pista la vamos a tener cuando se confirme el nuevo gabinete, vamos a tener una pauta de qué es lo que van a hacer.
_ 2012 puede ser un nuevo año de confrontación de intereses.
_ Siempre que uno transforma, que cambia cosas, genera ganadores y perdedores; hay que tomarlo así, así es la política y así, es la vida. La cuestión es cómo enfrenta esos intereses, como negocia, hasta dónde concede. En ese sentido, la presidenta encontró un tono, uno podría decir más mesurado, yo prefiero decir más asertivo, más preciso, para comunicar las cosas que está haciendo. El kirchnerismo ha demostrado que tiene capacidad de gobernabilidad económic y política, y también demostró que tienen capacidad de transformación. Por eso creo que la agenda de gobernabilidad está clara. Ahora falta esperar la agenda de cambio, de transformación.
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