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Parto respetado PDF Imprimir E-mail

Parir y nacer de nuevo

La maternidad, a quien le rendiremos pleitesía durante octubre, se construye durante la vida misma. Pero el punto bisagra, qué duda cabe, es la parición misma. Echamos un vistazo al llamado parto respetado. Parir y nacer, estrellas en el firmamento de la humanidad.
Escribe aquí un hombre. O bien: escribe aquí, al menos, un varón. Y un varón escribirá aquí sobre el parto. Por tanto, este escriba pretenderá / osará ocupar un espacio en el cual siempre fue un invitado de piedra. Como naciente. Y como padre. Una y otra vez, nunca se sintió tan inútil.


Ámbar frunce la cara. Pone sus manos por delante, arriba, juntas, como haciendo fuerza para arriba. Haciendo fuerza para salir. Todo su cuerpo semeja energía. Su mirada se esfuerza en forma invisible. Así, dice ella, nació. Así, cree ella, nació. Siendo ella, Ámbar, la protagonista de un parto en donde fue una más entre la obstetra, la enfermera, el anestesiólogo, el residente, el practicante, el observador, el ayudante, la madre sudada y el padre inútil.

“Tuve la posibilidad de ser protagonista de mi parto y mi hijo tuvo la posibilidad de ser protagonista de su nacimiento”, dice cuando me voy Celsa Bruenner, la médica insigne de lo que se conoce como parto respetado en Córdoba. La médica que de tanto humanizar al Hospital Misericordia, fue pasada a un casi retiro. La médica que habló durante dos horas de la necesidad de humanizar los nacimientos, las pariciones. La médica a la que tuve que preguntarle, indiscreto y sobre el filo de la despedida, si era madre. La médica que habló de ser protagonistas.

En Argentina hay una ley. La 25.929.Se promulgó en 2004. Y se conoce, claro, como la Ley del parto respetado o humanizado. Habla de los derechos de toda madre, niño y padre en relación al embarazo, parto y posparto. Habla, la Ley, de que todas tienen derecho a ser tratadas con respeto y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso. Intimidad dice la Ley. A ser considerada, ella, madre, una persona sana. A ser considerada, ella, madre, protagonista de su parto. Y que ella, madre, tiene derecho al parto natural, respetuoso de los tiempos biológicos y psicológicos, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados. A estar acompañada por una persona de su confianza y elección. A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario.
Lo dice la Ley.
Pero no tanto.

“Hay una visión muy verticalista y una hegemonía médica, donde no hay un trabajo interdisciplinario para la atención de la embarazada y del parto, del nacimiento y de los niños, con una visión de respeto”, dice Bruenner, que hoy, tras el pase a comisión que le realizó la provincia en 2008, cuando era jefa de guardia del Misericordia, trabaja en el apartado Maternidad e Infancia, en donde, junto a Unicef, lleva adelante el proyecto Maternidad segura centrada en la familia, “para ver –dice Celsa- si se puede cambiar un poco este paradigma de atención del embarazo y del parto”.

_ ¿Cuál es ese paradigma?
_ En este momento es lo que el médico decide, no importa si existen leyes o no. Estamos tratando de sensibilizar, que se sepa que la comunidad tiene derecho a ser respetada en sus pautas culturales, que tiene derecho a una atención digna.

Apuntan, dice Celsa, a evitar todos los maltratos que hay a nivel hospitalario. “Es concientización, primero, de todos los que trabajan en las maternidades. Y luego trabajar con la comunidad, empoderarla, hacerle conocer sus derechos”.
Conocer derechos y obligaciones hoy desconocidos. No por casualidad. “Todo lo que es enfoque de derechos molesta mucho, todo lo que signifique un cambio desde el derecho, porque nos obliga a mirar y a ponernos en el lugar del otro. Tener una visión solidaria es muy difícil”, dice Celsa, y habla de sus pares. Si hoy se habla del parto respetado o humanizado como una rara avis en el mundo del nacimiento, es porque, en general, los preceptos de la Ley poco se tienen en cuenta. Decimos: si hubo que crear una ley, era porque el parto no era/es respetado.

La mujer embarazada, dice Celsa y lo refrenda la Ley, no es una mujer enferma, “los protagonistas son ella; su bebé y su pareja. Y no hemos tenido una actitud de respeto para atenderla ella, todo el sistema de salud tiene que estar a su servicio, no para someterla a prácticas que científicamente está demostrado, ya, desde 1985, desde la Declaración de Fortaleza, que no son efectivas y que incluso traen muchos más daños”.

Y ahí es cuándo empezamos a hablar de ejemplos:
_ El acostarla
_ El rasurarla
_ El hacerle episiotomía en forma rutinaria
_ El ponerle suero en forma rutinaria
_ El romperle bolsa
_ En dejarla sola sin que nadie la pueda acompañar
_ En ponerle oxitocina.

“Hace 150 mil años que existe el homo sapiens. Y hace desde entonces las mujeres han parido de la misma forma. ¿Qué pasa que hace 50 años violamos todas las leyes naturales?” se pregunta la médica y dice que hay lugares con un 90% de cesárea, “alterando todas las leyes naturales. Pero además agregándole riesgo y mayor mortalidad y morbilidad –el daño que queda después de una cirugía-. No se respetan ni las pautas culturales ni a las parteras, a las que las borraron, las persiguen como si fuera caza de brujas, cuando en el mundo entero, donde están las parteras, los resultados prenatales son óptimos. La hegemonía médica ha hecho que las parteras no existan más”.

_ ¿La soberbia del saber científico?
_ Exacto

EXPERIMENTAR PROTAGONIZAR
Jorge Pronsatto es pediatra y, desde el lado de los niños, también habla de cambiar la actual situación. Está en desacuerdo con la idea del parto humanizado. Dice que “las canguras no necesitan cangurizar su parto”. Él prefiere hablar de parto natural. Y cómo, pese a su carácter de hecho natural, el parto se ha desnaturalizado. “Si tenemos en cuenta que casi el 100% de los partos son normales -hay un porcentaje muy bajo que requieren una intervención especial-, vemos que el problema está en que se han utilizado instrumentos y procedimientos que se han diseñado para algunos pocos casos que son anormales, pero que se han generalizado en el uso, y se aplican también a los normales. Son enfoques e intervenciones innecesarias, molestas, dolorosas, costosas, que se generalizan”.
Y enumera aquellos de los que habló Bruenner más arriba: Goteos, rasurados, exitocina, el trato poco amable. La episiotomía. Esa incapacidad para distinguir entre lo normal y lo patológico, “la cesárea aumenta el riesgo de la mortalidad materna y natal. Aumentan los costos, las internaciones. Y encima se programan. Dicen: su bebé va a nacer el 15 de noviembre. Y no, el bebé tiene que nacer cuando tenga que nacer. Y si es necesario una cesárea, se sabe en el momento en que empieza el trabajo de parto”.
Pronsatto explica acudiendo al mundo animal del que somos parte. Somos jirafas. Somos leones. Somos la selva. “Nosotros sabemos que cuando el parto empieza, se pone en circulación la famosa exitosina, que se vincula con la mayor contracción uterina. Pero cuando la madre está molesta, asustada, sube la adrenalina también, que es la hormona vinculada al estrés, y la dos operan en sentido inverso, cuando una sube la otra baja. Cuando la madre está asustada, produce menos oxitocina. Y es un mecanismo que está vigente en todos los mamíferos. Imaginemos una jirafa pariendo en la sabana africana y aparece un león, sube la adrenalina, se retrasa la oxitocina y la jirafa no pare, sino el león se la va a comer”.
Las mujeres son jirafas. Que paren ante la mirada de un león. Todos los días.
“Hay una especie de incapacidad –dice Pronsato- para distinguir entre lo normal y lo patológico. Y otra confusión es el riesgo y el daño. Un fumador tiene riesgo de contraer cáncer, pero yo no lo puedo tratar de antemano con drogas oncológicas por si le llega a dar cáncer”. Por eso, señala, no se entienden cuestiones como el ayuno, la no deambulación y el no acompañamiento. “Manos entrelazadas entre la mujer y su pareja tienen un efecto beneficioso. La mujer se siente mejor y aumenta su oxitocina natural, que tiene un nivel que es acorde a la necesidad de ese momento”. Ergo, se podría evitar, como señala la Ley, la utilización de medicamentos que sólo buscan apurar un proceso que posee tiempos naturales propios.
­­­­­­­­­La Ley de la que hablábamos menciona derechos de las mujeres, de sus parejas y también de los niños recién paridos. Tan chiquitos y con derechos. “Si uno se pone a pensar la cantidad de cosas increíblemente complejas que tiene que hacer desde antes de nacer y aún después… -piensa Pronsato-. Ese chico necesita, cuando nace, atenciones, no agresiones”.

_ ¿Hoy son agresiones?
_ Muchas.
_ Por ejemplo
_ Sondas que se ponen en el esófago para sacar un líquido que después sale solo. La sonda rectal para determinar si tienen un pasaje rectal normal, cuando una obstrucción es muy rara. Esa cuestión de que el niño tiene que llorar, cuando en realidad necesita respirar, es desopilante que lo hagan llorar, porque revela la ignorancia de quien lo hace, el pulmón no depende de eso. Y el niño es secuestrado cuando nace, se lo saca rápidamente del lado de la madre, se corta el cordón inmediatamente, se lo lleva a otra habitación, lejos de su madre. Y lo único urgente, necesario para el niño, es estar con su madre. Y eso no se respeta. Estar con su madre es el fin de la incertidumbre. Y ahí nomás prenderse al pecho de su mamá, que no es una necesidad de alimentación, sino de poner en marcha mecanismos en cascada.

El niño, dice el doctor, no tiene que ser sacado del regazo de la madre, “no se conoce un lugar mejor para la cabeza del recién nacido que el espacio que la mujer tiene entre los senos, no una incubadora”. Y apunta Bruenner: “Cuanto más se han invadido los procesos de parto, más precozmente los niños tienen conductas agresivas. Si en el nacimiento tenemos conductas amorosas y respetamos procesos naturales, los niños son diferentes. Lo dicen las madres que han tenido ambas experiencias”. No obstante, Pronsatto dice que no se pueden establecer diferencias entre un niño respetado al nacer y otro que no. “Es muy difícil de mensurar esa situación. Lo que sí sabemos es que tenemos que volver a las fuentes y dejar ese parto instrumental, ese nacimiento complicado… Cuando nace un niño parece que el vértigo se instalara, y en realidad es un momento bellísimo, la vida en su esplendor. La tendencia tiene que ser hacia la salud, no hacía la enfermedad”.

_ ¿Ese parto del que habla no necesariamente es el que se practica hoy en hogares particulares?
_ El hospital público o privado podría ofrecer de manera mucho mejor a lo que se puede hacer en casa, sin aplicar medidas que son innecesarias, molestas, dolorosas, costosas.

Pero hoy se aplican. Y muchas prefieren quedarse en el hogar.

PARIR EN PROPIAS PAREDES
Natalia Roca es fotógrafa. También es madre. De tres. Su primer niño nació como indica el manual del nacimiento ortodoxo: hospital, acostada, rasurada, inducida, atada, oxitocina artificial. Violentada, dice ella. Sus dos siguientes tal como ella lo planeó: bajo el techo que mayor confianza le daba.
“Hay que difundir mucho más, falta información, saber cuán seguro es parir en la casa. Si el embarazo está controlado, no habría por qué creer que puede haber riesgos”, dice quien lo hizo dos veces. Y que no olvida la primera en el hospital: “Yo era muy chica y estaba entregada a lo que decidía el médico. Y el hecho de que saquen al bebé rápidamente de la madre, haciéndole cosas innecesarias…”.

_ ¿Cómo fueron las dos experiencias en casa?
_ Alucinante. Nosotros dos y la partera, en casa. Con toda la familia en contra.

Los suegros de Natalia son médicos. Y estaban en contra. “Nos decían que éramos unos irresponsables. Yo estaba muy segura de lo que quería, y mi pareja me acompañaba. Fue en casa, en cuclillas, con un trabajo de parto súper tranquilo, en corto tiempo, desde las 4 de la mañana hasta la 1 de la tarde. Ciro se prendió automáticamente de la teta, no hizo falta que se lo llevaran para ningún estudio, y eso es lo más importante: el vínculo inmediato con la madre, tranquilos, en silencio, con poca luz, la intimidad. La madre es la que debe decidir con quién quiere estar y dónde parir”.

Casi dos años después, Natalia volvió a elegir lo mismo. “La familia se siguió oponiendo, salvo mi mamá, que se volvió una militante del parto respetado. Y compramos una pileta inflable y la tuvimos en el agua. Dos amigos se encargaron de mantenerla tibia, con todo el embarazo súper controlado, con todos los análisis que hicieran falta para saber que no era un embarazo de riesgo. La tuvimos en el agua y fue increíble para los dos. Estuvimos los dos metidos en el agua y cuando nació Mora la hicimos nadar un poquito y después la pusimos en mi pecho. Un nido, un nido…”.
El nido son las paredes que contienen ese momento único. El nido son las propias alas. “Cuando uno está en su casa, podés moverte, algo que en el hospital no. Que te hagan masajes, podés comer, no estás con suero. Comíamos duraznos con dulce de leche. Y el dolor está a atravesado rodeado de cariño”.

_ Voy a ser algo extremo: el hombre pudo llegar a la luna, pero la mujer sigue pariendo con dolor. A través de tus experiencias, ¿el dolor se mitiga? ¿O es natural y no hay nada que hacer?
_ Casilda Rodrigañez, una militante de estos temas, dice que el útero es un músculo y que no lo estamos ejercitando. Antes, cuando las mujeres parían en sus cuevas, vivían de un modo que ejercitaban el útero, estando en cuclillas, sin la existencia de sillas. Lo que postula ella es que los dolores de parto son como calambres que tiene ese músculo que ha sido mutilado a lo largo de los años. Tenemos un músculo obstruido, que no está relajado. El dolor está, en la clínica y también en la casa. La diferencia está en cómo se transcurre ese dolor: en la clínica acentuado por la oxitocina artificial, y en la casa es paulatino, in crescendo, de a poco, uno lo puede ir trabajando, una va entrando en un estado de trance, como si no existiera nada en el afuera, las luces apagadas, sin ningún extraño ni ninguna amenaza externa. Cuando no dilatás te echan la culpa como si fueras culpable. No queda otra que dejar que pasen las horas hasta que lleguen las contracciones, que son fuertes y dolorosas, acompañada por tu compañero y por una mujer que te ayuda a transitarlo.

Natalia no sólo es ma­dre hecha en casa. Es, como se dijo, fotógrafa. Inicialmente, de bodas. Después, de experiencias como las que ella vivió en primera persona. Primero registró partos en hospitales, que le sirvieron “para recordar cómo era la metodología. Me tocó ver esas cosas y salía muy mal, y decidí no hacerlo más. Y tuve el primer parto humanizado, con una pareja de Estados Unidos que llegaron a Córdoba con la idea de darle a su hijo otra nacionalidad. Yo le conté de mi experiencia y me dijeron que sí, y lo registré. Y fue alucinante”. Sus imágenes hablan.

Natalia sabe que hoy, al no estar cubierto por una obra social, el parto en casa se vuelve una cuestión elitista de aquellas que pueden pagarlo. Por eso, dice que “es bueno que se rompan la cantidad de prejuicios que hay alrededor, que somos una locas, que somos muy jipis, que se entienda que es una cuestión de seguridad, de derechos. Y es necesario que se difunda para que haya partos humanizados en los hospitales. Hay mujeres que no pueden parir en sus casas por las condiciones de éstas y entonces el parto humanizado se vuelve una cuestión elitista. Y lo ideal es que empiecen a cambiar las cosas en los hospitales. Y que desde lo académico se empiecen a cuestionar estas cosas”.

SANAR HERIDAS
“Por eso es que muchas mujeres cada vez más piden parir en sus casas, porque son respetadas en su lugar y su tiempo”, dice Celsa. Y explica: “Yo no menosprecio el saber médico. Y la tecnología bienvenida sea. Pero hubo siempre un porcentaje menor del 5/6%, donde si no se intervenía, la mujer o el niño o ambos, morían o quedaban con secuelas. Bienvenidos los avances, la cesárea oportuna, pero una cosa es un grupo reducido y otra es al 90% de una población sana” dice Celsa. “Invertimos todo el concepto de parto y embarazo saludable y las tratamos a todas como enfermas. Por eso se las canaliza, se les pone medicamentos innecesarios, se las restringe. Referentes han comparado las episiotomías con las mutilaciones genitales femeninas. A muchas mujeres se les producen daños físicos y psíquicos, incluso para sus relaciones posteriores”, insiste. Un estudio realizado en Rosario, en el Centro Rosarino de Estudios Perinatales, demostró que esa intervención llamada episiotomía, realizada en forma rutinaria, trae más daños y costos en salud pública.


_ Cuando planteas esto al resto de los médicos, ¿qué dicen?
_ A ellos les interesa trabajar cómodos, reconocen que no les interesa la evidencia científica ni las leyes, les interesa trabajar como están acostumbrados, sin líos. ¿En qué puede complicar que una madre sea respetada en sus tiempos? ¿Un médico no puede esperar que una mamá abrace a su bebé apenas nació, 5, 10 minutos? Muchos neonatólogos se sienten molestos por tener que esperar un momento único, trascendente, irrepetible. No hay ninguna urgencia para pesarlo, medirlo, tomar el perímetro cefálico, no hay ninguna urgencia. Se puede hacer dentro de las 24 horas y no cambia nada. Todo eso genera cambiar estructuras muy rígidas. Los médicos nos creemos los dueños de parto, a los obstetras nos cuesta decir que el parto lo hace la madre. Hice tantos partos, decimos. Pará, en realidad, la protagonista, quien hizo el trabajo, fue la madre, y el que nació fue el niño. Y es el momento pleno de la familia, de la madre, del bebé, con su pareja. Nosotros nos tenemos que retirar y dejar que sea pleno de ellos. El embarazo, el parto y el nacimiento son saludables. El parto sana muchas cosas

_ ¿El parto sana?
_ Sana heridas ancestrales.

Un hombre, aquí, escribió. O bien: escribió aquí, al menos, un varón. De esos que, si tuvieran que parir, lo haría una vez. O nunca. Si nos hubiera tocado esa ficha, a nosotros, los hombres, al menos varones, la humanidad no sería más que una entelequia. Seríamos prehistoria.
Escribió aquí un varón que, al menos, sabe, o cree, como muchos, que si no fuera por su madre y su mujer, ni él ni lo mejor de él, lo único certeramente bueno, existirían.
Tal condición, la de parir, esa que es única, irrepetible, va­lerosa, de ellas, exige, al me­nos, respeto.
Respeto

 

 
  ¿Y LAS PARTERAS?
Cuando se habla de hegemonía médica, se habla del ocultado rol de las parteras. Antes mujeres insustituibles, hoy en vías de extinción. En Córdoba, la escuela que las formaba en el marco de la UNC fue cerrada hace más de 40 años. Hay otras ciudades que dan el título. La Plata, por ejemplo, con 5 años de cursado, más uno de tesis, más dos de residencia. “8 años para que ni siquiera las dejen atender un parto normal, que es lo que busca la nueva ley –ver aparte-. Hoy una partera puede atender inclusive en una casa. Pero después tiene que llamar un médico, 6 años estudiando ese proceso para que después no la dejen actuar. La partera es el personal idóneo para un parto normal. Eso implicaría que el médico sólo se abocaría al 10/15% de los embarazos complicados” dice Bruenner.
 
 

 

 

 

 

 

 

 
  LAS PARTERAS, SÓLO EN INSTITUCIONES
Mientras se discute acerca del rol de las parteras y la pérdida de su ámbito, en Diputados de la Nación se debate un proyecto que cuenta con el aval de la Comisión de salud y del Ministerio de Salud de la Nación: que las parteras sólo puedan ser tal en una institución hospitalaria. Y no ya más en casas, como pueden ejercer hoy.
El proyecto, elaborado por la diputada del Frente para la Victoria María Elena Chieno, amplía las funciones de estas mujeres - colocar DIU, realizar Papanicolaou, detectar patologías y hasta atender partos, entre otros-, pero no hace explícito que la parición pueda ser en otro lugar que no sea un ámbito de salud, ya sea privado o público.
La discusión sobre el proyecto está en plena actualidad.
 
  MÁS INFORMACIÓN
www.partohumanizado.com.ar
Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento:
www.relacahupan.com.ar/lared.html




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